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Dic
11
Empezar una relación jamás es fácil. Miles de sueños se aglomeran al lado de ella, expectativas y emociones intensas. También, sobre todo para aquellos que hemos sufrido alguna decepción, los miedos son ingrediente principal en esta compota sentimental.
Comencé hace no mucho una relación que se restringía a lo corporal, a lo carnal, a lo físico. Bautizada como una “relación de amantes” –nombre bastante curioso, old fashion, pero divertido- por mi compañero de turno.
Entré a ella sabiendo qué podía esperar. Mi “amante” me había pintado el cuadro completo de arranque, no quería confusiones porque ante todo somos amigos y no queremos hacernos daño mutuamente. Claro, el día que él lo dijo no hubo mayor chongo porque yo no tenía mayor expectativa que la del encuentro y los que viniesen. El puso sus aclaraciones y yo mis condiciones. “Ok, no he venido con ninguna expectativa de algo más, pero no me gustaría que sólo fuera esta vez”, dije. Lo más gracioso fue ver su cara iluminándose ante la propuesta, lleno de gusto.
Pese a ello mi cuadro interno también estaba bien pintado. Tenía absolutamente claro que en algún momento del camino iba a querer pasar a tener algo más que sólo encuentros y me prometí que cuando llegara ese día le iba a decir adiós.
Estoy ahora en el momento preciso para decir bye bye o aventarme a dar ese otro paso, arriesgarme. Empezaré por describir qué siento con cada una de las opciones. Con la segunda siento que podría dolerme mucho si el resultado no es favorable, que luego de la partida de mi príncipe azul al mundo real ya no aguantaría que me vuelvan a reventar la burbuja. La primera devendría en odiarme a mi misma porque siento que si no me arriesgo, si mariconamente decido pegar la media vuelta sin darle la lucha, dejaré de ser la mujer intrépida, decidida, resuelta y fuerte que siempre fui. De alguna manera, sabiendo que iba a llegar este día me decidí por seguir adelante, “cuando llegue me preocuparé”… bueno, heme aquí.
Y heme aquí, ante la gran indecisión del mundo. Sin tener la más puta idea de a donde dirigirme o qué hacer. No quiero dejar de ser racional, él fue claro en lo que dijo y no puedo despegarme de ello. Por otro lado, a veces siento un mayor acercamiento del que se dan en estos casos. ¿Soy fiel a mi misma o cuido mi corazón?

Precisa canción al inicio de mi “relación de amantes”. Ahora? eteeee…

Nov
17

Decisiones (Ave María), cada día (Si señor).
Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María!
Decisiones, todo cuesta.
Salgan y hagan sus apuestas,
¡Ciudadanía!

Decidí, hace ya bastante tiempo atrás, dar vuelta a una página que no me estaba llevando a ningún ‘happy ending’. El chico de mis sueños rompió mi burbuja para decirme que no pasa nada. Íbamos en una dirección, en la que el norte mas bien se encuentra hacia el sur, donde la geografía es suave y es fácil de asirla toda en una sesión de unas cuantas horas. Terminé por abortar la misión, desistir de hacer ese viaje. Le dije que para mí no era un juego y le confesé lo mucho que me gustaba. No fue sorprendente cuando él me dijo que ya lo sabía.
Esa noche, mientras él tanteaba el terreno para ver si era capaz de tomar el ticket y planear “ese” viaje, hablamos con absoluta sinceridad. Ya sabía lo que él quería y lo que yo no tendría. Quizás quepa decir aquí que mi amiga Carito tenía toda la razón, son esos patas sinceros y que cuidan de no hacerte daño, los que más una valora.
Luego de la conversación, como dije, tenía el panorama clarísimo, mis sueños estaban en el suelo y no tenía ganas de recogerlos, sólo quería dejar todo esto atrás. Actué y me sentí de lo más normal por varias semanas, ok, quizás varios días, pero el punto es que sentía como un alivio, después de todo, la ilusión y las ansias habían quedado atrás.
Mi amor platónico dejó de ser mi objetivo, hasta que me topé con que, en general, mi sueño de hombre ideal ya no podía ser. Mierda! –eso me dije- y ahora que chucha hago? Replantear mis sueños? Replantear a mi hombre ideal? O ser feliz con lo que me toque? :S
De pronto, este chico de mis sueños me ocasionó otro dolor. El primero no dependía de él y fui yo quien se fabricó un mundo a su lado, un mundo poco probable, pero mundo al fin y al cabo. Pero esto que me ha estado haciendo sí me duele, y mucho. Intento no pensar en las razones que lo llevan a hacerlo porque sería todo un chifa.
Después de esa conversa él se alejó de mí. Las veces que nos vemos ambos actuamos con cortesía, chistes de amigos y todo, pero fuera de ello no hay nada más. La amistad que habíamos construido entre coqueteos se está perdiendo. Y esto, más que el rechazo, es lo que me atormenta más.
Recuerdo que cuando estaba rendida o frustrada y quería tirar la toalla hablaba con él y le contaba todo mi drama. Él, con esa manera tan “sobona” de decir las cosas, me levantaba el ánimo, recogía la toalla por mí y me explicaba lo importante que era que no la dejara caer y las repercusiones de ello en mí, en él y en los demás. De pronto me sentía como una heroína y salía a seguir la lucha de nuevo. Me es difícil encontrar las fuerzas en mí, es obvio que terminaré por hacerlo, pero Dios! Cuánto lo extraño!
La decisión de enamorarme de un imposible terminó por llevarme a este momento. La decisión suya de alejarse me está doliendo. En la vida toda decisión termina por pasarnos la factura, ya sea para bien o mal. Ok, pagaré mis impuestos y veré de cerrar este arqueo de caja lo más pronto posible. Presiento que al terminar de hacerlo, el balance será positivo, quizás hasta recupere algunas pérdidas -Dios me escuche- y me queden excedentes para comprarme otros tickets o, por último, hacer un nuevo viaje sola y feliz. Cualquiera sea la fórmula, sé que tarde o temprano mi viaje terminará por llevarme a descubrirme a mí misma, nuevamente, y nada me hace más feliz.

Esta canción motivó el inicio de este post. El corito siempre me vaciló harto.

Oct
27
Hace años me dedicaba a escribir poesías. En un cuaderno anillado las fui acumulando, hasta que un buen día el cuaderno se llenó de polvo y se volvió viejo, lo dejé olvidado en algún lugar del cuarto y allí permanece mirándome y yo ignorándolo.
El cumpleaños de mi tía Mery fue el 19 de octubre y fuimos toda la familia a almorzar. Yo víctima de una condritis costal me costaba pasarla bien, pues cada risa me traía un dolor inmenso. En un momento en el que hicimos un poco de silencio, mi primo se levantó y empezó a recitar un poema. Mientras lo escuchaba, una nostalgia muy grande se apoderó de mí, quizás por el contenido triste pero real del poema o quizás porque dejé de lado mi lado lírico y lo sepulté en el recuerdo.
Sin más les dejo “Elegía para mí y para ti” de José Ángel Buesa, prometiendo volver a mi cuaderno, por lo menos, para darle una ojeada.

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.

Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizá: “Qué linda es todavía.”
Tú quizá pensarás: “Se está poniendo viejo”
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.

Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos….

Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.

Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosa,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.

Oct
10
Las incomodidades post chote o rebote siempre me han parecido reverendas cojudeces, tanto para cuando una es la que rebota como para el que es rebotado por una (jajaja). Debe ser por ese mismo modo de ver las cosas que no me hago paltas de ser amiga de mis ex enamorados y me sorprende cuando ellos no pueden retomar una sana relación conmigo luego.
Mi capacidad de separar mis sentimientos en distintos ámbitos de mi vida suele sorprender a la mayoría. Pero tuve por fuerza que aprender a hacerlo, con el tiempo dejé de ser tan apegada a mi lado sentimental y a dejarlo de ladito cuando hay que hacerlo. Puedo poner como ejemplo los años que pasé administrando-gerenciando-trabajando en una de las alas de mi empresa familiar, donde tenía que enfrentar a mi madre-jefa, a mi padre-jefe y a mis hermanas-socias. Tuve que hacerlo de la manera más profesional y luego dejar las cóleras en el horario de oficina para pasarlo de la puta madre con ellos después.
También me pasa que suelo valorar mucho la sinceridad de alguien que me dice de frente que no pasa nada conmigo y darle un nuevo brillo a nuestra amistad pasada la conversación. Pero a veces siento que las personas no pueden retomar la amistad con la misma simplicidad con la cual yo sí lo hago. No es que la persona no me importe o no me haya importado, tampoco es que mágicamente el gusto desapareció, pasa que sé qué puedo esperar y ello me permite dejar de lado lo que siento o ir transformándolo en algo que sí puedo manejar y afrontar. Siempre me ha parecido una idiotez perder a un amigo por un gusto, por un crush. Aunque ciertamente he dejado en el camino a muchos amigos por menores cosas, radical soy, medianamente orgullosa, pero carajo! Comprometida con mis relaciones siempre he sido. Eso sí, si pego la media vuelta es porque luego no me arrepentiré de hacerlo, porque ya lo pensé y no me importa.
Lo que me jode de esas actitudes es que son señal de los siguientes discursos: 1. (léase en tono de Johnny Bravo) “Soy un egocéntrico y sé que después del chote, mamita rica, no vas a poder vivir sin mí”; y 2. (léase en el tono que le dé la gana, jajaja) “Me alejo porque puedes seguir confundiendo las cosas”.
Y es este segundo discurso el que me revienta más -el primero significa que te equivocaste y te enamoraste de un reverendo huevón- porque no soy una chica débil que necesite ser protegida. Si ya en mí me llega al trozo (que no tengo) ¿por qué tendría que tener esas cojudas actitudes con el chico choteado? Más cuando la otra persona puede seguir con su vida perfectamente y feliz. Y al escribir esto siento que soy egocéntrica también porque puede ser que sea el otro el que necesite alejarse porque, por el momento, no puede manejar la relación. Un dilema las relaciones, eh?


Videito cedido por Johan Vallejo, mi amigo y cómplice, Alerta Chevelling!!!

Sep
24
Hay cosas que aprendí y nunca volveré a hacer, y hay otras cosas que, pese a haberlas aprendido, nunca puedo dejar de hacer.
El año pasado me enfrenté a una depresión bastante complicada. Todo nació de mi necesidad de verme y sentirme como la mujer más fuerte del mundo, aquella que no podía demostrar fragilidad o vulnerabilidad. Fue así como postergué mi luto por la pérdida de mi abuelita para sentirlo después: después de mis finales, después de recibir la mesa directiva de la FEPUC, después del inicio de clases, después… después… Hasta que en abril perdí al único abuelito que me quedaba vivo. Estas pérdidas me hicieron ver que ya no podía postergarlo más. Opté, de una forma inconsciente, por ya no darle largas, pero al rato encontré la manera de ahogar mi llanto y mi dolor con el estrés del trabajo. Fue así que mis noches se hicieron más cortas porque me sumergí en un mar de responsabilidades que me consumían, y de ideales que me empujaban a seguir y seguir.
De alguna manera, en algún lugar del camino, me olvidé a mi misma y me perdí. Seguía siendo fuerte, pero cuando me quebraba lo hacía de la manera más extrema y sentida. Era otra persona y mi ex enamorado fue el primero en sentirlo, mi esencia se había esfumado. ¿Quién era? ¿Dónde había quedado la chica fuerte, resuelta, decidida, alegre, pícara, jodida, etc.? Tenía el mismo ímpetu que ahora, sin embargo siento que más era el hecho de rebelarme al llanto que por tener un norte claro y una base estable.
Bueno, cuando me reencontré prometí no dejarme a mi suerte nunca más. Curé mis heridas como quien cura a una niña, me hinqué ante mí misma, cogí un pañuelito y sequé las lágrimas de la Ingrid que abandoné y le prometí que no le volvería a hacer lo mismo. Con mucha paciencia tendí mi mano hacia mí misma y me animé a pararme y seguir (ciertamente, nunca me detuve). Con el tiempo nos volvimos una nuevamente, la Ingrid que chambea harto y se lanza sobre sus proyectos con pasión y la que siente mil cosas, es vulnerable y que, simplemente, se deja ser.
Todo esto está muy bien, hasta que… hace poco un amigo mío, que es tan empático y medio brujildo como yo, me dijo directamente y de la manera más cruda: “Te sientes muy sola, hay mucha soledad en tu corazón. Entiende que no todo es trabajo y trabajo, que si no te sientes feliz en el amor no podrás brillar con todo el brillo que tienes”. En sus ojos podía ver que sentía pena por mí.
Ese día decidí no darle mayor importancia a sus palabras. Extrañamente, el resto de nuestra conversación había tenido un impacto muy positivo en mí. Pero al día siguiente, estando conmigo misma, esa frase empezó a hacer un eco en mi mente que no me dejaba en paz. De pronto empecé a sentirme muy triste.
Sí pues, me siento sola, quizás más de lo que realmente debería.
Encontré de mera casualidad -sin buscarlo, sin querer encontrarlo (recuerden cómo disfrutaba mi reciente hallazgo: mi soledad), sin desearlo -a un chico maravilloso con el cual, por el momento, no puedo establecer nada por detallitos sin importancia. Y estas ganas de compartirlo todo con él acentúan la tristeza que siento por encontrarme sola. La soledad ya no es más vista con ojos de diversión y expectativa, sino más bien con resignación.
Pero quizás es más triste lo que, luego de seguir analizándolo todo, descubrí: la triste sorpresa de que nuevamente empezaba a hacer lo mismo. Reemplazaba mis espacios para llorar, si me daba la gana, por espacios de trabajo. Es cierto, no rozo ni por casualidad los extremos desquiciantes a los que llegué el año pasado; pero, ciertamente, algo de la misma receta empezaba a hervirse en este caldo.
Por otro lado, excusas uno puede encontrar siempre. ¿Para qué me iba a preocupar por algo sobre lo cual no tengo pleno manejo cuando podría dedicarme más a algo que sí depende de mí, como mis proyectos, el trabajo, el inglés, el francés, etc.? ¿Para qué dejarme arrastrar por un sin sentido sobre algo que, finalmente, puede ser prescindible? De alguna manera empecé a pensar que uno no puede tenerlo todo ni tener la vida perfecta. Tendría perros y gatos y amantes esporádicos.
Huevadas!!! Sí me merezco lo mejor del mundo, me lo merezco todo y bien. Soy una linda persona, chévere, inteligente, dedicada y laboriosa. Podría seguir con mi lista enorme de virtudes y una pequeñita de defectos (jajajaja). El punto es que siento que me merezco ser feliz y que la vida me sonría a plenitud. Quizás el amor no me llegue mañana, pero me tiene que llegar. Curuju!

Sep
05

Tanto tiempo disfrutamos de este amor
nuestras almas se acercaron tanto a si
que yo guardo tu sabor pero tú llevas también
sabor a mí.
Si negaras tu presencia en mi vivir
bastaría con abrazarte y conversar,
tanta vida yo te dí que por fuerzas llevas ya
sabor a mí.
No pretendo ser tu dueño
no soy nada, yo no tengo vanidad,
de mi vida doy lo bueno
soy tan pobre que otra cosa puedo dar.
Pasarán más de mil años, muchos más,
yo no sé si tenga amor la eternidad
pero allá tal como aquí, en la boca llevarás
sabor a mi.

Este bolero de antaño me hizo recordar que ya se inventó la novedosa forma de que todos lleven en la boca sabor a mí. No me creen? Pues les cuento que es muy facil en realidad.
Hace unos días un amigo y yo, luego de salir de tomar unos pisco sours en el bar del hotel Bolivar, nos abocamos a la búsqueda de yuquitas fritas (no pregunten, al señor se le antojaron), al no encontrarlas y con mi deuda aún pendiente me dijo: “Bueno, entonces invítame unos helados”. Lo primero que pasó por mi mente fue llevarlo a Esbary, una fuente de soda palestina que está en jirón de la unión a pocos metros de Miró Quesada, porque sé que preparan helados muy ricos. Al llegar él empezó a ver todos los sabores. Yo me quedé pegado a uno, no lo podía creer ¿era posible eso? ¿existe un helado con sabor a mí?
Mi amigo se pidió una bola de “no me acuerdo qué sabor” y una bola de mí (jajaja, suena cachondo eso, jajaja). Yo pedí una bola de coco y otra de mí, of course, aunque suene demasiado egocéntrico y casi onanístico (jajajaja). Pero tenía que darme una probada a mí misma, obvio.
Puedo confesarles, modestia aparte, que estaba deliciosa!!! Tanto que mi amigo me dio curso en dos lamidas, jajaja. Pasu, fue brutal!!!
Bueno, si quieren darme una probadita por unos módicos 4 soles las dos bolas (mierda!! que barata soy!), ya saben donde hacerlo. Por lo pronto, saliendo del trabajo me daré una vuelta por allá.

Sep
01

La mañana fue muy apresurada y no tuve tiempo de sentir la bienvenida de mi Lima adorada, pero ahora por la tarde, saliendo del trabajo siento la tosca caricia de este viento frío en mis mejillas y siento que mientras le pido disculpas ella, a Lima, ella me perdona.
Al salir rumbo al paraíso me di cuenta que por primera vez en mi vida dejaba la ciudad que tanto adoro atrás sintiendo la necesidad de escapar de ella, sintiendo que me ahogaba entre sus calles y la rutina. Que fea sensación!!!
Llegué al terminal de Oltursa (que tal cherry!!!) y me encontré con Caroline (o Cargroline, como le digo con acento dizque francés), nos dimos el latón del mundo con todos nuestros q’ipyis a cuestas hacia Metro a comprar las provisiones -faltaba más, en un viaje la comida es lo que menos puede faltar-.
Luego de llamar a mi madre adorada subimos al bus, con mucha alegría de poder ir a disfrutar del sol, mar y arena. El bus partió y, claro, no faltaron las comedias románticas cagonas que me tuvieran a punta de mocos todo el camino. Espero que Caroline no se haya dado cuenta.
Esperaba tener un panorama distinto de la vida cuando llegara. Lo que me encontré cuando amaneció en la carretera fue mi vista panorámica del bus toda cagada. Será señal de algo?- me pregunté.
Decidimos no tomarnos fotos con esas caras y en esas condiciones, era como si nos hubiesen sacado de una pela de acción del fin del mundo. Primero la ducha respectiva y a caminar.
El camino de Máncora hacia Pocitas fue muy divertido, lleno de conversaciones y de un paseo guiado dizque por mí (jajaja). En el camino aproveché para conversar con el mar y conmigo misma, y agradecer un poco la suerte de pisar esas arenas por segunda vez en mi vida. Pensé un poco en lo que quería y todo fue tomando forma, así como lo predije, la distancia iba a hacer lo suyo. Más tarde el vino haría lo propio también.


Por la tarde decidimos salir a tomar sol bajo el cielo nublado, esperábamos quemarnos un toque, aunque sea con la resolana. Ese fue el momento en el que más pude pensar y… dormir, jajaja .
Mientras mi amiga leía yo clavaba mi mirada en el horizonte, esperando que una ola del mar trajera consigo las respuestas que andaba buscando. Al quedarme dormida, entre sueños aparecieron algunas, una de ellas era claramente que buscara en mí y encontrara la tranquilidad para sopesar las cosas, que esto era urgente.

Ya era de nochecita, Caroline me dijo que era época de luna nueva, debe de haber sido así porque la condenada nunca nos alumbró, pero a pesar de ello tenía el flash de mi cámara y un cielo bello con estrellas. Allí, frente al mar, tomando fotos y vino en vaso, nos contamos muchas cosas y mientras hablaba de ellas me daba cuenta de que muchas habían dejado de dolerme y que otras tomaban un lugar ansiosas porque les preste pronta atención y vea la mejor manera de tratarlas. Fue así que me di con la certeza de que me estoy enamorando seriamente.
El domingo fue un día de placer y de disfrute del sol y el mar, de ver chicos cueros paseando frente a nuestros ojos mientras yo me deleitaba con una muy sana admiración de sus bellas figuras (ok, confieso, soy una mañosona del mal! quien no lo es que tire la primera piedra, pero un toque lejos de mi plis, no vaya a ser que me caiga).
Fue difícil despedirme de Máncora, de su mar y de su paisaje, del lindo fin de semana junto a una gran amiga. Pero creo que a esta tierra norteña también le dio pena despedirse de nosotras, porque justo cuando nos disponíamos a salir de la playa empezó a llover. Me fui con la firme promesa de volver. Estaba muy agradecida con las cosas que pude recobrar, fuerzas, energías, nuevas perspectivas, paz.
El viaje hizo su parte, ahora me toca a mí enfrentarme a mis rollos personales y sacarme adelante, como siempre. Ser feliz y brillar más que nunca.

Ago
29
Hay veces en la vida, sobre todo cuando uno ha sufrido varios cambios continuos y que no ha podido procesar a su debido tiempo, que uno necesita de pronto desaparecer, darse un espacio lejos de todo y todos para reflexionar sobre mil cosas, apartarse de uno mismo para ver desde la distancia todo aquello por lo que uno pasa y tiene que pasar.
De pronto siento las ganas de despojarme de la rutina y enfrentar desnuda de pretextos aquellos problemas que había dejado relegados para resolver después, para pensar en ellos luego… cuando haya tiempo.
Sintiendo que necesitaba mi espacio, mi tranquilidad, mi encuentro y enfrentamiento conmigo misma y mis monstruos, decidí desaparecer. La decisión fue violenta. Un día me desperté con la necesidad y me dije: me voy!
Así es que hoy viernes 29 de Agosto desaparezco un poco del mundo, me cubriré con una manta que me permita ser invisible por un fin de semana. No desaparezco sola, me acompaña una gran amiga que anda en la misma onda que yo y que tiene enormes deseos de aventura espiritual.
A mi regreso prometo venir recargada de nuevas y positivas energías, de resoluciones y, más que seguro, venir más enamorada de la vida y de mi. Y bueno, también prometo traer mil fotos de mi retiro para compartir esto con ustedes.
Nos vemos a mi regreso.

Ago
21

Yo nací el 3 de febrero de 1984, trece años después de mi hermana Bea. He tenido toda mi vida a mi mami y tres mamis (mamacitas en realidad) más.
Mis hermanitas bellas, Laura y Bea, se mudaron a Miraflores en noviembre del 2006, el mismo año que falleció mi abuelita, pero esto ya lo he contado en algún post. El punto es que no perdimos la rica tradición de sentarnos todos juntos a compartir la mesa los domingos, mi abuelita baja del cielo y nos acompaña también.
Hace unos domingos atrás nos encontrábamos festejando los días patrios con un poco de anticipación, tomamos pisco sour y el mondongo, comimos cuy también. Luego como para que no nos choque la grasita nos zampamos unas copitas de Anisado. La tarde no pudo cerrar de mejor manera, las cuatro hermanitas nos echamos en la cama de mi mamacita que había ido al cementerio con mi tía y nos quedamos viendo “El Padrino” y luego dormimos.

Queda constancia la dormilona que nos pegamos, jijiji.
Según mi sobrino parecíamos cachorritos

Son estas cosas, que antes, cuando vivíamos todos juntos, las que extraño terriblemente. El llegar de la universidad, o de donde fuere, y ver a mis hermanas sentadas en el sillón viendo una de las series por cable que tanto nos afanaban y sentarnos a verla juntas. Por estas épocas Laura se ponía a tejer algo y yo la imitaba o la acompañaba en el sillón, pero antes escuchaba: enana! ven siéntate para ver tele. O Beíta que me preguntaba cómo me había ido y que se prestaba a escucharme diariamente mis dramas o mis alegrías. Mi hermana mayor, Beli, que siempre tenía algo que chismearme y que ahora me para contando de las cosas que suceden alrededor de lo forestal y del medio ambiente, con la indignación que nos caracteriza a las que somos idealistas. El que nos peleáramos de bromita por ver quien se echaba más cerca a mi madre en la cama para ver tele o hacernos piojito. Buaaa, todo eso me hace mucha falta!
Todos pasamos por miles de procesos, todos vamos madurando, evolucionando. Esto le pasa a mi familia ahora, en especial a las hermanitas Soria Torres, cada una de nosotras está haciéndose su presente y anda cada una por su lado, siempre conectadas porque nos adoramos, pero lejitos. La rutina que habíamos establecido por años cambió y cada quien tiene la suya propia. De pronto me viene como una serie de flashes donde veo todas los escenarios vividos con mis hermanas y es como ver un comedia romántica, donde las lágrimas saltan de la penita y de la alegría. Me las adoro brujildas! Me las extraño aún más.

Ago
15

El año pasado, el terremoto y yo nos dimos cita en el micro en el cual me desplazaba rumbo a la universidad en plenas vacaciones. Ese día teníamos una reunión en la FEPUC, donde yo era secretaria de Defensa, e íbamos a debatir problemas internos de nuestra mesa directiva. Cuando llegué todos estábamos desesperados por llamar a nuestras casas. Nadie podía imaginar en ese momento lo que se estaba viviendo al Sur.

Los días que vinieron significaron un gran trabajo de coordinación, yo me quedaba en mi casa a vivir las réplicas constantes mientras miraba la televisión y enviaba mails a la FEPUC para reportar los lugares de donación, las cosas que se requerían en la zona, los hospitales a donde donar sangre, etc. El objetivo era que los estudiantes se enteraran por correo el lugar de donación más próximo a su casa. Joel Fernández, Burrito (grande amío!!), coordinaba con la REA y la DARS los envíos a Chincha, Pisco e Ica.
Pasó el tiempo y veía que muchos esfuerzos se concentraban en Ica, y en mi casa no dejábamos de hablar de nuestro hermanos de Huancavelica, el departamento más pobre del Perú, que también tenía zonas afectadas y su gente estaba durmiendo en las calles con el frío de la sierra posándose sobre ellos. Poca ayuda llegaba del Gobierno Central, el gobierno regional hacía lo que podía (dejando de lado las denuncias acerca de donaciones que desaparecieron), y los municipios no se daban abasto. Otros países mandaron y algunos lo hicieron de manera exclusiva a este departamento, pero aún así era muy poca. Así que empecé a coordinar con la REA y la DARS la posibilidad de hacer al menos un envío para Huancavelica, insignificante en comparación con la necesidad, pero que superó las expectativas cuando llegamos a la zona e hicimos el trasbordo de las donaciones.

Al regreso el escenario era terrible, madres de familia haciendo señas a los carros en la carretera para que les hicieran donaciones de comida para las ollas comunes. Recuerdo que tuve que hacer un esfuerzo enorme para que las lágrimas no se me cayeran de sentirme tan impotente, tan ridícula.

Un año ha pasado y el Sur se ha ido levantando. Gracias al Gobierno? Creo que más que nada gracias su gente y la ayuda de muchas personas que fueron constantes en su labor.
Hoy por esas cosas del destino mi nombre fue mencionado en El Comercio, es la nueva sección SIC, la verdad siento que no hice mucho, que pude haber hecho mucho más y eso me lleva a escribir esto. Quizás un poco la culpa de haber dejado que pasara el tiempo y no haber seguido ayudando, quizás me escude en que hice muchas más cosas luego en mi trabajo como secretaria de defensa, pero ese amarguito sigue allí.
Sigamos ayudando al Sur!