#ElPerúQueQueremos

Y va resultando que siempre no

Publicado: 2010-07-03

Hay cosas que siempre quise contar en el blog. Supongo que nunca lo hice porque no me sentía del todo lista. Incluso ahora me pregunto: ¿estaré haciendo lo correcto?

Han pasado varios meses desde que una relación que me marcó para siempre se terminó. Fue la relación más linda que he tenido en mi vida. Es cierto, duró muy poco y muchos de mis amigos me dijeron que sólo me quedé en la etapa de la ilusión, la que, justamente, es la más bonita. En fin, el caso es que fue la primera vez en mi vida que sentía que me encontraba en donde yo quería, con el chico que quería, tal cual lo había soñado y las cosas se dieron como había deseado. ¿Se imaginan eso?... Plenitud.

Los meses pasaron y siempre le agradecí a la vida esta oportunidad. Antes de ella creí que estas relaciones nunca eran reales, pertenecían a historias vagas contadas por algún iluso. ¿Me devolvió la fe? Realmente creo que nunca la tuve. Siempre estuve a la expectativa de que me hicieran daño, los hombres vienen con esa facultad inherente: herir. (Siento adjudicarles esta propiedad sólo a ellos, pero es mi blog y hago lo que quiero en él).

A veces miro hacia atrás, me veo ahora y me pregunto si estoy siendo mediocre por agradecer infinitamente esos breves dos meses de felicidad plena, de una relación intensa, perfecta.

Desde ese día no me permití menos de lo que ya había gozado. Un sapo horrible se asomó a mi ventana y la enfermedad del pasado (baja autoestima le dicen, pero shhhh, mejor no la mencionemos) volvió a tomar poder de mí y lo acepté en mi vida. No duró mucho porque, claro, yo había tenido un príncipe precioso a mi lado y un sapo jamás -y que no les cuenten cuentos- jamás será un príncipe.

¿Será que en algún momento pueda volver a tener eso? Creo que no. Y sí, me siento nuevamente sin esperanzas, decaída, vencida. Aunque incluso esto termina siendo un discurso que a veces se aplica y otras tantas no. Sí, hay días en los que deseo intensamente que la vida vuelva a sorprenderme con un chico tan maravilloso como el que me ofreció en octubre del año pasado y con una relación tan perfecta como aquella. No sé, quizás decida dármela a los 85 años, pero aún a esa edad, daría lo que fuera por volver a sentir esa plenitud.

Las lágrimas me tocan la puerta, pienso dejarlas pasar un ratito, sólo un momento, conversar con ellas y dejarlas en casa. Tengo planes divertidos más tarde....


Escrito por

Ingrid Soria

intensamente loca o locamente intensa


Publicado en

Los Monólogos de la Flaquita

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