Aunque cambies de color, sigues siendo la misma

Comer Rezar Amar

Publicado: 2011-10-10

Recuerdo una frase de mi terapeuta F: “Las relaciones malas son las mejores para demostrarte aquello que está mal en ti.” Se refería a esas relaciones que te dejan hecha leña, en la mierda absoluta, y también tenía toda la intención de que me aferrara a mi última relación –ojo que hablaba de la relación y no de la persona- para poder sacarle el jugo de lecciones que traía con ella.

Hoy estuve leyendo esto que cito a continuación: “Un alma gemela llega a tu vida para quitarte un velo de los ojos y se marcha. Gracias a Dios. Pero a ti no te da la gana de soltarlo. Esa historia se acabó, Glotona. La función de David era darte una sacudida, sacarte de ese matrimonio que no funcionaba, golpearte un poco el ego, hacerte ver tus obstáculos y adicciones, romperte el corazón para que te entrara la luz y desesperarte y hacerte descontrolar tanto que no te quedara más remedio que cambiar tu vida y luego presentarte a tu maestra espiritual y largarse con el viento fresco. Ése era su cometido y lo ha hecho a la perfección, pero ya se acabó.” (Esta fue una conversación entre Elizabeth Gilbert y Richard el Texano. Gilbert, Elizabeth. Comer Rezar Amar. p. 166. [Olvidé cómo se cita, pero la intención vale. Creo que por aquí iba]).

Y se acabó, ¿no? Eso es lo que pasó con mi última relación: me destrozó el corazón, lo hizo añicos. Este último capricorniano, a quien llamaremos Paul, me dejó con el alma partida en mil. (Mi hermana estuvo por aquí y me dijo: ya basta de capricornianos, ¿no?). Y la verdad es que luego de tan amargo proceso decidí dejar ir. Pero vaya que está siendo difícil acostumbrarme a la idea de que no lo tengo más a mi lado. Como decía Richard el Texano, una bien podría convertirse en esos perros que meten el hocico en una lata y lo lamen y lamen sin entender que el contenido se acabó, atascados en una esperanza que quizás no los lleve a ningún lado. ¿Dije quizás? ¡Si en la lata ya no hay contenido no los llevará a ningún lado!

Si alguien me preguntara en este momento: dime, Ingrid, con toda sinceridad, ¿deseas volver con él? Le diría que sí, mil veces sí. Pero también le diría que siento que necesito este momento para mí y para mi crecimiento, que sé que no lo puedo tener y que necesito centrarme en lo que quiero o debería querer más que a nada en el mundo: yo misma. Y que ando en esta ambivalencia necia, pero mía.

Y es parte del entendimiento de uno mismo el aceptarse con sus rollos y sus contradicciones. Con el saber que un día vas para allá y al día siguiente vas de regreso. Sabiendo que no por ello esté mal, sino que todo lo contrario, pertenece a una de las cosas más bellas de la vida: tu.

Empecé escribiendo este post pensando que iba a ser difícil y lacrimógeno, pero por el contrario, terminó siendo esperanzador. La lectura de Comer Rezar Amar me está dejando lecciones que no dejaré de agradecer para este viaje que continúa. Cuando salió el tráiler de la película quise verla en el acto, pero la dejé pasar. Sí, debo confesar que la vi en internet. Y cuando la terminé de ver, pues me di cuenta que se basaba en un libro y me dije: “¡Maldita sea! Siempre quiero leer el libro antes de ver la pela”. Ahora estoy más convencida que nunca que un libro es mil veces más rico e interesante que las películas por muy buenas que éstas sean.

Quiero que sepan que escribir este post estuvo partido por una rica cena con sopita wantan con mi hermana y probablemente se sienta que hay una diferencia entre la Ingrid dolida y la que a la mitad retoma el post. Y es que una salida con mi hermana adorada, siempre termina enriqueciéndolo todo.

Así que los dejo con un paso más de mi viaje.

Besos


Escrito por

Ingrid Soria

intensamente loca o locamente intensa


Publicado en

Los Monólogos de la Flaquita

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