Aunque cambies de color, sigues siendo la misma

Todo se reduce al tiempo

Publicado: 2012-03-06

Miraba fijamente como las líneas de la carretera iban dándole ritmo a ese viaje. De fondo una canción: Fabricando Fantasías. No pude evitarlo, las lágrimas me saltaron de los ojos.

Todo en la vida, incluso ella misma, se reduce al tiempo. Esa noción completamente subjetiva, a la que en algún momento alguien se le ocurrió marcarle periodos arbitrarios como horas, días… meses.

Y sí, me quedaba un poco más de un mes para poder seguir escuchando tu voz.

Iba por esa misma carretera que hacía unos veinti tantos años atrás habíamos cursado juntos. Siguiendo el ritmo constante de nuestros afectos, la vía nos llevaba al norte. Recuerdo las fotos y era muy feliz. Tu me tenías en tus brazos y sonreías. ¿Sonríes ahora? Quiero imaginarte haciéndolo, como cuando jugábamos fulbito en el pasadizo de la casa y reventábamos el fluorescente de un patadón. A lo lejos, detrás de nuestras risas, escuchábamos el "carajo" de mamá. ¿Puedes ver mi sonrisa cuando lo recuerdo?

Y no sé por qué, pero ahora recuerdo una de nuestras últimas conversaciones telefónicas. Estaba llorando, te contaba que acababa de terminar con un novio, tu me consolabas y me decías lo feliz que me merecía ser. Me hubiese gustado entender como lo hago ahora esas tus palabras. Y ahora, cuando ya las comprendo, cuando sé la dimensión de lo que me decías es que necesito escucharlas de ti de nuevo. Es extraño, pero siento que le daría mayor certeza.

Certeza de esa que sentía cuando te pedía ayuda y siempre estabas allí. Certeza de que luego de subirme al carro pasaríamos por el peaje a comprar cualquier chuchería que iríamos tragando en el camino a casa. Certeza de que podía abrazarte, darte mil besos y que tu me dirías que me amabas, mil veces.

Este es un testimonio de lo feliz que fui a tu lado. Atrás quedaron los reproches y los malos recuerdos. Asimilo la vida de otra manera, una que me da paz.

He intentado sí, dejar de mentirme a mi misma, justificar mis malas acciones o mis malas decisiones, incluso acepto que hay momentos en que tengo sentimientos nada positivos.

Pienso si verme así, con todo lo que he crecido y las cosas que he ido logrando en el camino, te llena de orgullo. Me enseñaste a soñar y a apuntar alto. ¿Estoy dando la talla?

Gracias por pasar por mis sueños de vez en cuando, echarme algún consejo y darme una manita con uno u otro tema. Creo que de alguna manera estamos recuperando el tiempo perdido.

Y sí, volvemos al tiempo. Hace más de un año que partiste. De acuerdo a mis creencias místicas debería procurar no extrañarte, pero bah! sabes que eso es un poco imposible habiendo pasado tan poco y cuando hubo tanto amor de por medio.

Gracias por haber sido un buen compañero el tiempo que la pasamos juntos, gracias por enseñarme todo lo que pudiste, gracias por esos recuerdos felices a tu lado.

Probablemente, pique quien se pique, seas el único hombre al que ame por siempre, papá.


Escrito por

Ingrid Soria

intensamente loca o locamente intensa


Publicado en

Los Monólogos de la Flaquita

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