Nos mudamos

Señoras y señores,

Me es grato comunicarles que desde ahora estaremos en una nueva dirección. Dale click aquí y sígueme.

En Facebook nos encuentras en: http://www.facebook.com/LosMonologosdelaFlaquita

Todo se reduce al tiempo

Miraba fijamente como las líneas de la carretera iban dándole ritmo a ese viaje. De fondo una canción: Fabricando Fantasías. No pude evitarlo, las lágrimas me saltaron de los ojos.

Todo en la vida, incluso ella misma, se reduce al tiempo. Esa noción completamente subjetiva, a la que en algún momento alguien se le ocurrió marcarle periodos arbitrarios como horas, días… meses.

Y sí, me quedaba un poco más de un mes para poder seguir escuchando tu voz.

Iba por esa misma carretera que hacía unos veinti tantos años atrás habíamos cursado juntos. Siguiendo el ritmo constante de nuestros afectos, la vía nos llevaba al norte. Recuerdo las fotos y era muy feliz. Tu me tenías en tus brazos y sonreías. ¿Sonríes ahora? Quiero imaginarte haciéndolo, como cuando jugábamos fulbito en el pasadizo de la casa y reventábamos el fluorescente de un patadón. A lo lejos, detrás de nuestras risas, escuchábamos el “carajo” de mamá. ¿Puedes ver mi sonrisa cuando lo recuerdo?

Y no sé por qué, pero ahora recuerdo una de nuestras últimas conversaciones telefónicas. Estaba llorando, te contaba que acababa de terminar con un novio, tu me consolabas y me decías lo feliz que me merecía ser. Me hubiese gustado entender como lo hago ahora esas tus palabras. Y ahora, cuando ya las comprendo, cuando sé la dimensión de lo que me decías es que necesito escucharlas de ti de nuevo. Es extraño, pero siento que le daría mayor certeza.

Certeza de esa que sentía cuando te pedía ayuda y siempre estabas allí. Certeza de que luego de subirme al carro pasaríamos por el peaje a comprar cualquier chuchería que iríamos tragando en el camino a casa. Certeza de que podía abrazarte, darte mil besos y que tu me dirías que me amabas, mil veces.

Este es un testimonio de lo feliz que fui a tu lado. Atrás quedaron los reproches y los malos recuerdos. Asimilo la vida de otra manera, una que me da paz.

He intentado sí, dejar de mentirme a mi misma, justificar mis malas acciones o mis malas decisiones, incluso acepto que hay momentos en que tengo sentimientos nada positivos.

Pienso si verme así, con todo lo que he crecido y las cosas que he ido logrando en el camino, te llena de orgullo. Me enseñaste a soñar y a apuntar alto. ¿Estoy dando la talla?

Gracias por pasar por mis sueños de vez en cuando, echarme algún consejo y darme una manita con uno u otro tema. Creo que de alguna manera estamos recuperando el tiempo perdido.

Y sí, volvemos al tiempo. Hace más de un año que partiste. De acuerdo a mis creencias místicas debería procurar no extrañarte, pero bah! sabes que eso es un poco imposible habiendo pasado tan poco y cuando hubo tanto amor de por medio.

Gracias por haber sido un buen compañero el tiempo que la pasamos juntos, gracias por enseñarme todo lo que pudiste, gracias por esos recuerdos felices a tu lado.

Probablemente, pique quien se pique, seas el único hombre al que ame por siempre, papá.

Benedetti siempre en mi auxilio

ROSTRO DE VOS

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón

tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor

sin un temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos
estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición

mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos

pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman

como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada

las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada

ya mi rostro de vos
cierra los ojos

y es una soledad
tan desolada

Siendo consecuente

Hace poco tuve una recaída. Sí, pero esta duró una semana nada más. Ok, ya basta de aplausos… por favor, un poco de silencio, sé que les alegra, pero permítanme que les cuente que sucedió.

Pues pasó que empecé a tener una relación con alguien que no podía darme aquello que quiero. Bueno, creo que no sé aún del todo qué es aquello que deseo. Cambiemos entonces la frase: podía darme aquello que no quiero.

Las epifanías no siempre se dan cuando una las busca. Yo estaba detrás de la claridad, sólo un poquito de luz para decidir que hacer, pero no la encontraba. Me di por vencida hasta que, ahogada por tantas cosas que tenía que hacer, hallé la respuesta en pleno proceso de armado de mi librero.

Aquí debo cortar un poco la historia, porque debo confesar que llegó un momento en que maldije el día en que buscamos la igualdad de género y cogimos martillos, clavos, desarmadores y cuanta buena mierda se use para la carpintería. Peor aún, ahora estos muebles se han decidido a dejarnos sin excusa alguna, vienen en partes con un manual que te dice en pasos sencillos como construirlos. Bueno, si quieres celeste…

Y allí me veían, sudando la gota gorda en este verano húmedo, tirada en el piso clavando, atornillando, sacándole las astillas a mi dedo, etc. Cuando de pronto me levanté para ver cómo iba el avance de tan magno proyecto -un librero de 1.82 x 0.70 mts de cinco repisas- y vi todas las piezas regadas por el piso. Era como verme en el pasado. Estaba desecha, mis pedazos rodaban por el piso y no hacía nada más que llorar. El día que decidí empezar mi reconstrucción fue un proceso tan doloroso como seguir partida. Clavé cada parte, atornillé otras más, fui armando lo que ahora soy.

En ese proceso descubrí que uno no puede forzar a nadie a ser lo que una quiere que sea. Las personas son y los cambios no son repentinos, y NO, lee bien, NO deben darse por “amor” hacia la pareja. Y fue en base a ello que hace poco le di un consejo a una persona muy querida. No puedes quedarte esperando a que esa persona en algún momento pueda ser aquello que deseas o pueda darte lo que quieres. ¡Sabe Dios si esa persona desea lo mismo que tu y, si lo hiciese, sabe Dios cuándo estará apto para darte aquello que ambos desean! Entonces, ¿por qué conformarse con la espera de que TAL VEZ algún día puedan coincidir?

Y regreso a la escena del librero. Vi la relación que tenía y era exactamente lo que no quería. Había aceptado lo que buenamente él había podido darme esta semana, pero no me basta. Sin embargo, pasaron siete, sí, SIETE días para que pudiera ser consecuente con aquello que tanto pregono: no aceptes aquello que no quieres, si no te convence del todo despáchalo, no mereces vivir con el vaso medio lleno.

Fue así que en medio de lágrimas, porque quiero harto a este chico, escribí un correo despidiéndome. Pensé que la vida se me iba a acabar en cualquier momento una vez que apretara el ENVIAR, pero no. Es más, puedo decirles que el darme cuenta de que soy capaz de defender mi espacio y de valorarme me ha dejado una satisfacción increíble.

Una amiga me dijo: si le vas a escribir que sea por convicción y no como un ultimatum. Así fue, gracias Y.

No creo que él se encuentre en capacidad de darme lo que merezco y creo que yo tampoco me encuentro en el punto de tener las cosas del todo claras. Siendo ese el escenario nada bueno podía salir de esa unión de dos enfermos.

Y bueno, no todo está perdido, si esa persona realmente te quiere estará cuando ambos puedan darse lo que se merecen y que construyan algo lindo. Y sino, bueno, sabrás que te has cuidado y que te quieres más que a nada en el mundo. Habrás ganado un gran premio a tu autoestima.

Se hace camino al andar

Cuando tropiezas con una piedra y caes el golpe puede ser muy doloroso, pero tras ello viene un aprendizaje muy interesante. Y si es la primera vez que te sucede puede ser que felicites cada paso, por muy pequeñito que este sea.

El hecho tan natural de optar por una vida sin dramas después de una caída violenta es algo que debe merecer un premio. El que decidas no volver a integrar personas que fueron nocivas a tu vida debe ser celebrado. El que no permitas interacciones o diálogos con personas que no aportan nada a tu vida y que, por el contrario, sólo destruyen a su alrededor merece más que una sonrisa de satisfacción.

He aprendido a andar por el camino de salud emocional y aunque me cueste dar pasos con estas piernas poco acostumbradas a este nuevo espacio, pondré toda mi dedicación a hacerme una gran maratonista de las relaciones sanas, de una inteligencia emocional positiva, de una vida feliz.

Y este camino empezó cuando me vi al espejo, tomé consciencia de mis actitudes y me di cuenta que soy merecedora de lo mejor. Así que aquí vamos, con todo el empuje del mundo y la sonrisa amplia en el alma. Caminen conmigo.

Desde el baúl

Esta semana, siguiendo con el viaje, me tocó ir a mi casa antigua y escarbar entre los objetos que dejé allí para ver cuáles se regalaban, qué se botaba, qué se conservaba y qué podía ir directo a una hoguera.

Estaba metida de cabeza en una caja de panetones D’Onofrio cuando encontré mi cuaderno de poesías. Sí, en algún momento de mi vida me dio por escribir versos.

Aquí les dejo uno que ganó algún premio en mi adolescencia. Debo confesar que me da roche publicarlo, pero allí va.

No me abrumes


De nuevo tropiezo con tu mirada,
esta ahí, fija y furtiva a la vez,
como preguntándole a mis ojos
¿me ama?

No me abrumes

Huyo, corro, vuelo,
me desplomo, caigo,
resbalo, me desmayo,
Y sigue tu mirada ahí!

No me abrumes

Expreso, digo, sueño,
siento, apego, me alejo,
te rehuyo, amo, te amo,
Y sigue tu mirada ahí!

No me abrumes

Canto, leo, escribo,
oigo, veo, te veo,
Y sigue tu mirada ahí!

No me abrumes

Por fin te digo:
No me dejas respirar,
estoy viviendo muy rápido
este momento.
Déjame vivir de ti
Déjame amarte al cien por
ciento.

No me abrumes

Y tu mirada sigue ahí!
Inmóvil y furtiva a la vez,
ignorando todo límite
de la realidad, deseando
explicarte el por qué de mis
palabras, y a la vez diciendo:
No te abrumo

Comer Rezar Amar

Recuerdo una frase de mi terapeuta F: “Las relaciones malas son las mejores para demostrarte aquello que está mal en ti.” Se refería a esas relaciones que te dejan hecha leña, en la mierda absoluta, y también tenía toda la intención de que me aferrara a mi última relación –ojo que hablaba de la relación y no de la persona- para poder sacarle el jugo de lecciones que traía con ella.

Hoy estuve leyendo esto que cito a continuación: “Un alma gemela llega a tu vida para quitarte un velo de los ojos y se marcha. Gracias a Dios. Pero a ti no te da la gana de soltarlo. Esa historia se acabó, Glotona. La función de David era darte una sacudida, sacarte de ese matrimonio que no funcionaba, golpearte un poco el ego, hacerte ver tus obstáculos y adicciones, romperte el corazón para que te entrara la luz y desesperarte y hacerte descontrolar tanto que no te quedara más remedio que cambiar tu vida y luego presentarte a tu maestra espiritual y largarse con el viento fresco. Ése era su cometido y lo ha hecho a la perfección, pero ya se acabó.” (Esta fue una conversación entre Elizabeth Gilbert y Richard el Texano. Gilbert, Elizabeth. Comer Rezar Amar. p. 166. [Olvidé cómo se cita, pero la intención vale. Creo que por aquí iba]).

Y se acabó, ¿no? Eso es lo que pasó con mi última relación: me destrozó el corazón, lo hizo añicos. Este último capricorniano, a quien llamaremos Paul, me dejó con el alma partida en mil. (Mi hermana estuvo por aquí y me dijo: ya basta de capricornianos, ¿no?). Y la verdad es que luego de tan amargo proceso decidí dejar ir. Pero vaya que está siendo difícil acostumbrarme a la idea de que no lo tengo más a mi lado. Como decía Richard el Texano, una bien podría convertirse en esos perros que meten el hocico en una lata y lo lamen y lamen sin entender que el contenido se acabó, atascados en una esperanza que quizás no los lleve a ningún lado. ¿Dije quizás? ¡Si en la lata ya no hay contenido no los llevará a ningún lado!

Si alguien me preguntara en este momento: dime, Ingrid, con toda sinceridad, ¿deseas volver con él? Le diría que sí, mil veces sí. Pero también le diría que siento que necesito este momento para mí y para mi crecimiento, que sé que no lo puedo tener y que necesito centrarme en lo que quiero o debería querer más que a nada en el mundo: yo misma. Y que ando en esta ambivalencia necia, pero mía.

Y es parte del entendimiento de uno mismo el aceptarse con sus rollos y sus contradicciones. Con el saber que un día vas para allá y al día siguiente vas de regreso. Sabiendo que no por ello esté mal, sino que todo lo contrario, pertenece a una de las cosas más bellas de la vida: tu.

Empecé escribiendo este post pensando que iba a ser difícil y lacrimógeno, pero por el contrario, terminó siendo esperanzador. La lectura de Comer Rezar Amar me está dejando lecciones que no dejaré de agradecer para este viaje que continúa. Cuando salió el tráiler de la película quise verla en el acto, pero la dejé pasar. Sí, debo confesar que la vi en internet. Y cuando la terminé de ver, pues me di cuenta que se basaba en un libro y me dije: “¡Maldita sea! Siempre quiero leer el libro antes de ver la pela”. Ahora estoy más convencida que nunca que un libro es mil veces más rico e interesante que las películas por muy buenas que éstas sean.

Quiero que sepan que escribir este post estuvo partido por una rica cena con sopita wantan con mi hermana y probablemente se sienta que hay una diferencia entre la Ingrid dolida y la que a la mitad retoma el post. Y es que una salida con mi hermana adorada, siempre termina enriqueciéndolo todo.

Así que los dejo con un paso más de mi viaje.

Besos

Bienvenidos a mi viaje

La foto no tiene nada que ver, pero me gustó un culo.

No sé con exactitud cuándo es que empezó este viaje. De lo que estoy segura es que fue entre el 2008 y el 2009 en la que una situación bastante triste me llevó a buscar ayuda. Pero, claro, recordar el mismísimo momento donde uno empieza a caminar este camino es un poco difícil.

En el 2009 entré a terapia. Mi mejor amiga me había despegado un día de la alfombra como si fuera un moco (literalmente) y me había lanzado contra la ducha. Báñate!- me había dicho. Y si no fue allí donde toqué fondo y me di cuenta, debe haber sido por esos días.

A los pocos meses me tocó decirle adiós a una relación que me estaba haciendo añicos la vida. (D, siento tener que escribir sobre esto nuevamente, pero sabes bien que la relación que tengo contigo ahora es una de la más lindas del mundo). Y sin más nada que poder hacer me decidí a buscar ayuda. Sí, ayuda que ya no encontraba en mi misma, fortaleza que no hallaba, paz que se me escapaba de las manos con cada lágrima entre mis dedos.

Fue una terapia holística, debo decirlo. Mi hora de hablar acerca de lo que sentía con la respectiva cachetada emocional de regreso de mi terapeuta: te estás mintiendo! Integraban a mis Flores de Bach y mi Terapia Sacro Craneal. Sí, después de unos meses andaba más estable emocionalmente y espiritualmente.

Pero fue justamente en ese momento que conocí al hombre que me proporcionaría los 3 meses más felices de mi vida en cuanto a relaciones de pareja se refiere. Y, nuevamente, me abandoné por seguir el rastro a un hombre maravilloso, sí, pero que me alejaba de mi verdadero norte: yo misma.

No volví a buscar ayuda hasta hace un mes, donde una vez más, el abandono por un capricornio como D me dejó desolada, hecha trizas y con pocas fuerzas, pero las necesarias como para decidirme nuevamente a retomar mi norte. Y en esas estoy y planeo contar cómo me va en el día a día en este blog.

Algunas personas deciden mientras están en recuperación desviar sus energías a cosas lejanas a su dolor. Yo necesito abrazarlo y comunicarlo, a manera de terapia. Si mi sicóloga viera esto me diría probablemente que la gente es muy egoísta, que tengo que tener cuidado a quien le cuento mis cosas, que nadie más que unos cuantos se preocuparán por mi. Bueno, yo prefiero pasar mi vida confiando en la gente y estrellándome con la pared de la indiferencia a sobre pensar las actitudes humanas. Demasiado tengo dándole vuelta a mis propios mambitos. Y aquí voy. Este es el inicio de mi viaje en blog sobre las cosas que me pasan emocionalmente. Será desordenado, caótico, irá y vendrá del pasado como loco, pero será mío y si lo quieren, pues serán parte también.

Cantando a voz en cuello

Y sabe Dios por qué esta canción se me hace tan propicia esta noche…

Imagen de previsualización de YouTube

Porque recordar es volver….

El dicho dice “porque recordar es volver a vivir”, pero creo que en este caso, para mí, sea más preciso invertir el orden de las palabras: porque volver a vivir es recordar.

Y bueno, también porque no quiero que se pierda en mi memoria estos versos tan buenos.

Me importa torta
que tu amor se pierda, mierda

Por mucho que te quería, porquería

Te dejo seguir tu ruta, grandísimo hijo de puta

Y como tu amor fue nulo,
contigo y tu familia me limpio el culo.

Gracias totales a la creatividad popular.

Previous Older Entries