Este video me lo pasó una amiga, Diana Bazán, está tan lindo que lo comparto con ustedes.
Debería tener una agenda estricta, una que me recuerde postear por lo menos una vez a la semana. Una que me mande un electroshock o un golpe certero en plena cabeza cuando no cumpla con el plazo.
Decir que vuelvo a las canchas blogueras es decir mucho. Prefiero no hacer falsos juramentos. Pero tengo la firme intención de escribir este post. Algo es algo, ya?
Desde mayo, que fue la última vez que escribí, me metí en una serie de problemitas emocionales. Creí que había estado enamorada de alguien, creí que era lamentable que él no lo estuviera de mí. Luego de un tiempo de terapia me di cuenta de que no había sentimiento bueno de por medio en esa relación. Un buen día dije a la mierda con este cuñao y next.
Ese next significó darme mucho cariñito, engreírme y trabajar en mí mucho para sacarme adelante. Debo decir que siempre tuve la firme convicción de que cuando uno se quiere es feliz y da felicidad. Debo decir también que creí por mucho tiempo que yo me quería y resultó que no era tan cierto eso. Una vez reconocido el problema, sólo quedaba lanzarme a reconstruir mi alicaída autoestima.
En este sentido debo agradecer a D. Clín, clín, clín!!! (ruiditos de golpecitos en una copa con una cuchara) A ver, silencio en la sala, por favor. Quiero agradecerte D por dos cosas importantes. La primera es que me diste la oportunidad de verme y recuperarme, de trabajar en mí y de darme todo el amor que me merezco y que tú jamás podrás dar por tener atrofiada esa capacidad. La segunda es por haberme dejado a tu primo, quien con sus consejos, guía y terapia me ayudó a salir del hoyito en el que sola me metí. Ok, ok, tu me diste un contundente empujón antes de caer, te lo reconozco.
Hace poco volví a ver a D. Allí terminé de convencerme que es un completo pelmazo. Sí, es un tipo terrible. De esos que se quejan de su suerte luser, pero que no hacen nada para cambiar su vida. De esos que hablan del egoísmo de la gente y que no pueden ponerse frente al espejo para verse a si mismo y sorprenderse en esa actitud constante, resultado de su narciso y engañado “amor propio”.
Cuando F, mi terapeuta, me decía que uno proyecta cierta energía al mundo, éste lo percibe y sólo se acercan personas a uno que sintonizan con ella, estaba en lo cierto. Para ponerlo en cristiano, si estas mal atraes a personas que están en las mismas condiciones. Es más, enganchas con ese tipo de persona. Y tiene lógica, si te quieres no aceptas que cojudos subnormales intenten algo más contigo, no? Si te aprecias en algo ni caso le haces a un pasparulo que pasó por allí, no? Ese tipo de gente no anda en tu rango.
Mi visión de la vida fue cambiando estos 3 meses. Ahora me siento mucho mejor conmigo misma, tengo parámetros mejor delineados, límites claramente establecidos e ideas sobre mí misma que me han permitido darme mucho cariñito, admirarme y engreírme. Cada día se hace un tiempo precioso conmigo misma y de crecimiento constante.
Cuando todo estaba de cabeza me dije STOP. Me detuve, me alejé de la situación y desde afuera pude ver que cosas había que poner en orden en mi caótico mundo interior. Luego fue cuestión de regresar y ejecutar.
Me falta un montón por trabajar y por seguir creciendo. Lo bacán de darme de cuenta de esto es que ya no hay desquicio, ansiedad, pataletas y depresión. Sólo hay ganas de enfrentarme al siguiente reto y aprender cada día más.
Bastó una ligera conversación en el Messenger y una promesa de vernos al día siguiente para que sintiera que se estaba encendiendo una mechita inocente, aparentemente inofensiva, un poquito de fuego que, sin embargo, puso a mi sexto sentido dando señales de alarma: Peligro de incendio!!! Material sumamente inflamable!!! Por favor, huya!!!
Al día siguiente intenté escabullirme, inventar una tonta historia para no verte por los pasillos del diario donde trabajaba. Sorry D, me olvidé por completo que habíamos quedado para hoy. Mis dedos se desgastaban apretando los botoncitos del teléfono llamando al anexo de mi amiga: Ya se fue? Ahora? Sigue allí? No se va?
Cuando por fin creía que te había perdido, me bastó levantar la mirada -que antes se encontraba buscando algo, ya no recuerdo qué, en mi bolso- para verte con una gran sonrisa y esa mirada tuya que nunca pude sacarme de la cabeza.
Hola D!! Cómo estás? Que te cuentas? Sí, ahora mismo tramito tu pase.
Quién diría que unos días después estaríamos en mi casa tomando 7 raíces. Quién diría que horas más tarde estaríamos en tu departamento viendo tu último trabajo mientras explicabas con orgullo como lo habías realizado. Quién diría que en tu departamento me darías ese primer beso y quién diría que en mi casa nos daríamos el resto y más.
No fue esa noche, pero allí entre la armonía de nuestros afectos y la sincronía de nuestras caricias y miradas pactamos encontrarnos de nuevo.
Puede sonar a cliché, pero así pasó. Fue como una danza, no D? Tú sabías llevarme a tu ritmo, de pronto yo quería hacer un nuevo paso y tú me dejabas y me acompañabas en este baile.
Tu mirada, esa que reconoces que intimida, esa que siempre desafié -incluso cuando ni en sueños hubiese imaginado pasar 5 ,casi 6, meses a tu lado- empezó a hipnotizarme, a llevarme hacia tus fauces. Eras un otorongo en la selva, uno negro con ojos verdes, y yo era una indefensa presa. Indefensa? No te debe cuadrar eso mucho, no?
Es cierto, creo que más veces fui yo la que se te enroscó al cuerpo como una boa, la que se transmutaba y adoptaba la forma de una gata. Recuerdo como me gustaba acercarme a ti así y como me encantaba la expresión en tu rostro. Esa mirada de satisfacción, esa mirada donde me volvería a perder una y otra vez.
Nunca sentí una atracción tan fuerte. Siempre fuimos pólvora y fuego, desde esa sonrisa, desde ese beso, desde esa noche. Mi cuerpo temblaba cuando te acercabas y podría enumerar las reacciones tan sensibles del tuyo. Pero no tiene sentido hacerlo, ambos sabemos exactamente las medidas y conductas de nuestro deseo.
Nuestra relación, la que sea que hayamos tenido, siempre ondulaba como el fuego de una fogata, con un combustible que parecía no acabarse nunca. Hasta que de pronto se acabó.
Tú la sentiste vacía, D. Yo ya no podía más. Aprendí a quererte más de lo que te imaginas y si bien también aprendiste a quererme, no fue de la manera en la que yo hubiese deseado.
Este post tomó otro rumbo, uno distinto después de la última vez que nos vimos. Este post, mi querido D, iba a dedicarte unas líneas describiendo el magnetismo con el que me atraes, pero terminó siendo algo más romántico. Irónico, no? La relación empezó así también, como algo meramente físico y acabó, en mi caso, como algo amoroso.
Igual colocaré la canción que inspiró que escribiera acerca de ti. Te quiero mucho D.
Fue descoordinado. Debo aceptarlo, mis queridos lectores.
Resulta que una noche, después de mucho tiempo, mi mejor amiga y yo decidimos aventurarnos por los senderos rumberos. Caminos oscuros y movedizos que no pisábamos juntas desde… bueno, desde hace mucho (no me alucinen vieja, carajo!)
Y luego de instalarnos en un antro de la calle de las pizzas, nos pusimos a bailar “dale sazón, batería y reaggeton…” y demás canciones toneras de hoy en día con un grupo que recién manyábamos -grupo auspiciado por nuestra bien querida amiga E, que nos dejó con el grupete de sus amigos a nuestra suerte-.
Después de divertirnos bailando como trompos en la pista de baile, hizo su aparición un gringo bello. De lejos estaba precioso –conste que no estaba ebria- y le dije a mi amiga: usu, y eso?? Y ella, toda penderejeta, me dijo: Te creo si la haces.
Ay estaba muy lejos de nosotras para hacerla, que flojera. Pero al rato el susodicho se nos acercó mientras bailábamos y me dio una mirada de aquellas. Yo toda coqueta voltee y me puse a bailar con él.
Mira, papacito, como te explico que si yo me muevo para la derecha tu te tienes que mover para la izquierda. Cómo te explico que manan entendiquichu de tu drunk inglish. O seeeeaaa una tragedia griega.
Pero el greengo no me dejaba pues. Y al rato, zas! vueltita y te empiezo a llevar a sabe dios dónde. Santa cachucha! Ayúdame señor. ¿Juat ar yu duin, bro?
Creo que las intenciones eran claras. El sujeto me quería llevar, así fuera a rastras, a otro lugar para bailar salsa horizontal. Pero yo, naranjas.
Así que volteé con mi cara de terror y vi la mano salvadora de mi amiga y sus garritas aferrándose a mí (dolooooooor). Pude zafarme, por un breve lapso de tiempo, del crudín ese. Y le dije: nou nou nou, if yu wan tu danz, danz jir. Me comprendes, Méndez?
(Este post quedó inconcluso porque, nuevamente, mi buena amiga T me está jalando a otra noche de parranda).
Esta vez no hay canción. Hay pedacito de la pela. Buaaaaaa
diarios de una pasion amor expectativas ansias soledad monólogos
Go on now go walk out the door, just turn around now ’cause you’re not welcome anymore
agresivo-pasivo actitud juegos mente sentimientos amor amistad monólogo
La canción es parte del sound track de Shrek. Se escucha hasta las huevas, pero aplica para este post, jeje
Precisa canción al inicio de mi “relación de amantes”. Ahora? eteeee…
Decisiones (Ave María), cada día (Si señor).
Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María!
Decisiones, todo cuesta.
Salgan y hagan sus apuestas,
¡Ciudadanía!
Esta canción motivó el inicio de este post. El corito siempre me vaciló harto.
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizá: “Qué linda es todavía.”
Tú quizá pensarás: “Se está poniendo viejo”
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos….
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosa,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.